En las últimas dos décadas, el país ha experimentado marchas y contramarchas en lo económico, lo político, lo cultural y lo institucional, vicisitudes de las que una buena parte de los clubes de fútbol no ha sido ajena. Entidades con grandes endeudamientos -muchas al borde de la quiebra-, una clase dirigente que ha sido la gran responsable de esa decadencia, la presencia de barras bravas protegidas por los mismos directivos, la violencia constante en los estadios, la corrupción, la pérdida de la inserción social marcan el rumbo de la realidad.
El domingo pasado dedicamos un amplio espacio a la recordación de uno de los grandes dirigentes del fútbol argentino, don José Amalfitani (1894-1969) que fue uno de los mentores del club Vélez Sarsfield. Su nieto, radicado en nuestra ciudad hace quince años, recordó que una de las mayores virtudes de su abuelo fue convocar a la gente para que lo ayudara. De la nada, en seis años, logró levantar el estadio conocido como El Fortín de Liniers. Su construcción comenzó en 1942 y y se inauguró en 1948.
"Mi abuelo hacía todo pensando en el club. Su objetivo era mantenerlo bien saneado. No me olvidaré nunca la primera vez que salimos campeones. Como él ya estaba enfermo, no fue a la cancha. Después de haber terminado el encuentro, fuimos todos caminando hasta la casa para festejar el logro que se acaba de conseguir. Todos cantaban y festejaban, pero en medio de tanta alegría, lo primero que hizo fue preguntarnos cuanto dinero se había recaudado", evocó Amalfitani nieto y agregó: "Mi abuelo fue un líder a pesar de ser un simple constructor. Si se hubiera dedicado a la actividad empresarial, por su personalidad, perseverancia y visión, podría haber sido un magnate. Pero no, él murió en su casa, donde vivía con sus hijos... Ahora ganamos el título con el equipo base que conseguimos el Clausura de 2009. Seguimos teniendo el mismo gerente desde hace 25 años, el mismo entrenador, el manager, que es un ex jugador y los mismos utileros".
Otros clubes también dieron dirigentes de valía como Antonio Liberti (1902-1976), varias veces presidente del ahora descendido River Plate. A él se le debe la construcción de El Monumental, estadio que es orgullo de los argentinos. Alberto J. Armando, legendario presidente de Boca Juniors, fue el mentor de la ciudad deportiva.
Los dos clubes grandes de nuestra provincia también tuvieron dirigentes ejemplares que los engrandecieron institucional y deportivamente. El ingeniero José César Salmoiraghi (1902-1979) presidió doce años Atlético Tucumán y construyó el complejo deportivo que lleva su nombre para el cual donó tres hectáreas. El doctor Julio César Ramos (1909-1990) fue otro de los grandes impulsores de la entidad "decana" y se caracterizó por el austero manejo de las finanzas. Natalio Mirkin (1929-1994) fue presidente de San Martín durante 18 años y entre sus logros más significativos, se hallan el complejo deportivo en Cebil Redondo, ampliaciones en el estadio de La Ciudadela y grandes triunfos deportivos.
Son pocos los clubes en la actualidad que se han salvado de la decadencia financiera e institucional. Sería bueno que se siguiera el ejemplo de estos dirigentes que lucharon por el engrandecimiento de sus entidades y las pusieron al servicio de la comunidad. Ellos tendrían que ser el espejo donde debería mirarse la dirigencia actual y la que vendrá.